jueves, 6 de noviembre de 2014

ORIGEN DE LA FIESTA FRANCISCANA DE QUIBDÓ PARTE II

 ORIGEN DE LA FIESTA FRANCISCANA DE QUIBDÓ
 PARTE II
POR: Ana Gilma Ayala Santos

El 4 de octubre de 1648, se realiza la primera celebración festiva en Quibdó, teniendo como referente a Fray Matías Abad, fundador de la misión franciscana en el Chocó, “había nacido en Villa de cueto, provincia de Santander, (España) hijo de Toribio Abad y Catalina de Higuera, ejercitándose en el oficio de  minero, en las minas de Santa Ana, en la jurisdicción de Mariquita, antes de su ingreso a la orden franciscana.”[1]

“La evangelización del Chocó fue producto de su iniciativa particular, con licencia expedida en Cartagena el 18 de Marzo de 1648, lo que le permite cumplir un itinerario de viaje entre el 2 de Abril  y el 4 de Octubre del mismo año.

Al respecto del diario de Fray Matías, leamos los siguientes comentarios: “la primera carta o informe de Abad al padre Nieto fue escrita el día 16 de Mayo de 1648 desde la ciudad de Remedios; la segunda, de la ciudad de Antioquia, a 21 de Julio del mismo año, y la tercera, del corazón mismo del Chocó y río de San Francisco de Atrato, fecha 6 de Octubre  del sobredicho año de 1648, son pues tres las relaciones que salieron de la pluma del primer explorador y misionero de nuestra misión chocoana”[2]

Para el conocimiento de los  lectores, existen copias de los manuscritos de Fray Matías Abad, donde hace un registro de toda la actividad misionera y a la vez, narra la celebración de la primera fiesta en la población de Quibdó. Estos documentos llegaron a mis manos, a través del doctor Martín Pérez Andrade, investigador y ex asesor  del Ministerio de Cultura, y fueron encontrados por el historiador José Arturo Jiménez Viña, en el archivo general de la nación, sección colonias, fondo curas y obispos, tomo II. Folios 49, 51. La trascripción de los manuscritos, fue hecha por el mismo historiador, quien se ha reservado los derechos de publicación.
De igual forma, en el libro Los franciscanos en Colombia, también existe una traducción, hecha por los frailes, la cual reposa en mis manos, desde el año 2008, por la gratuidad del profesor Omar Palacios Mosquera.

Continuando con la narración de Fray Matías, encontramos en su diario lo siguiente:
“El primero de Octubre señalamos sitio y cortamos madera y a 2 de Octubre puse yo el primer estrote de la iglesia y víspera de Nuestro padre San Francisco estuvo acabada. Y su día por la mañana por este río hicimos una procesión con 15 canoas llenas de gente y fue delante un indio más principal llamado Candía tocando una campanilla. Yo fui en medio con un santo Cristo y una imagen de nuestro padre San Francisco cantando las letanías. Llegados a la iglesia y puesto en el altar se hincaron todos de rodillas y cantando yo el tedeum Laudamos. Luego tuvimos una buena comida  de mucho pescado y tuvimos un gallo y luego se fueron a sus casas todos, yo quedé en la iglesia a donde acuden a rezar todos los vecinos de por aquí de buena gana y parece lo toman con amor”[3].

Existen algunas evidencias de celebración de la fiesta, durante los años de permanencia de los franciscanos y capuchinos, sustentadas en comentarios, como el siguiente: “En medio de las zarzas, como podrían ser llamadas las disputas que fueron tan comunes en la misión chocoana, una tradición que habría de prolongarse hasta nuestros días, había conseguido crecer entre los indios, la devoción a San Francisco, que cobra su máxima expresión en la celebración de la fiesta”.

El libro, Los franciscanos en Colombia, nos presenta una relación detallada, de todos los misioneros que entraron al Chocó, después de la muerte de fray Matías Abad y de todo el martirio que sufrieron a manos de indígenas y por intrigas de frailes y de conquistadores. Entre 1687 y 1.696, registra: “De modo que a pesar de todas aquellas vicisitudes, la actividad misionera de los franciscanos, se mantenía incólume en el Chocó”.

Otros datos, se encuentran en forma detallada, en los papeles sueltos, del libro: Misiones franciscanas en Colombia, página 34; en el tema de los pueblos fundados en el Chocó, por los franciscanos, se comenta lo siguiente: “ según lo que antecede y otros nombres que se pueden ver en nuestro libro manuscrito, “Las doctrinas franciscanas del nuevo reino”, sacamos por cuenta que está fuera de duda la existencia de los siguientes pueblos o doctrinas en nuestras misiones del Chocó……” se habla de:
San Francisco del río Darién
San José de Bojayá
San Francisco de Quibdó
Inmaculada Concepción de Lloró
San Sebastián de Bebará
Nuestra Señora de Chiquinquirá de Beté
Nuestra Señora de la Columna de Tadó
San Juan de Chamí
San Antonio de Ávita
El pueblo de Mombú
Nuestra Señora de la Candelaria de Taita
San Sebastián DE Nigua
San Francisco de Bagadó
San Juan de Tatamá
San Nicolás de Quinchía
El embarrado
Santa Rita de Iró
Mungarrá
San Juan de nigua

Es innegable la presencia franciscana en el Chocó, y, a la vez, el presente artículo nos sirve para aclarar, que la población de Lloró, no fue una refundación de Quibdó; nuestro próximo artículo, aportará otros datos importantes para la apropiación de la memoria festiva.



[1]Los franciscanos en Colombia, ed. Kelly de Bogotá Agosto 2 de 1987LAVSDEO, pág. 336
[2]Misiones franciscanas en Colombia, misiones de los chocóes y cunas cunas, papeles sueltos, pág. 17
[3]Ibíd.,…págs. 345-346ed. Kelly de Bogotá Agosto 2 de 1987 LAVSDEO.

ORÍGEN DE LA FIESTA FRANCISCANA DE QUIBDÓ PARTE I

ORÍGEN DE LA FIESTA FRANCISCANA DE QUIBDÓ
PARTE I
POR: Ana Gilma Ayala Santos
El origen de la fiesta franciscana, está documentado en los archivos de los frailes franciscanos y capuchinos, algunos de los cuales, han sido encontrado recientemente, en el archivo general de la nación, (Informes, cartas, manuscritos, crónicas de viajes, entre otros) y en algunos pocos datos que aporta la tradición oral.
Después de escudriñar durante más de treinta años, sobre este tema, al lado de Omar palacios Mosquera, de otros investigadores y de mayoritarios,  portadores de la memoria festiva, considero que, es indiscutible manifestar que, el origen de la fiesta franciscana de Quibdó, es esencialmente religioso. Hay sustento considerable de su sostenibilidad, entre los años 1648, y 1901, (Expulsión de los capuchinos) sin desconocer el vacío religioso en que cae la festividad entre 1901 y 1908; superado, con la llegada de los misioneros claretianos, el 15 de Febrero de 1909.
El compromiso y salvaguardia del pueblo quibdoseño, durante este período, se sustenta en la tradición oral, trasmitida por muchos mayoritarios y confirmada, por la folclorista Madolia de Diego Parra, en el “Primer Conversatorio para definir las fronteras franciscanas”, realizado el día 8 del mes de Febrero de 2008, en el aula múltiple del IEFEMP; bajo la responsabilidad de la  Fundación Fiestas Franciscanas de Quibdó.
El hecho histórico, se relaciona, con la celebración de la fiesta, durante los años mencionados, a través de alumbramientos, realizados en las casas de los jefes barriales, a puerta cerrada, teniendo al miedo como referente, por los estragos de la guerra de los mil días y al calor de rezos y alabaos, en los momentos en que era posible; las mujeres avezadas, como Gertrudis Cuesta, trasportaban a los hombres de casa en casa, escondidos en sus faldas “barre calles”.
La llegada de los esclavizados, si bien, trae las consecuencias que todos conocemos, permitió que, entre ellos y el santo, se establecieran unas relaciones interreligiosas e interculturales muy fuertes, las cuales, fueron fundamentales, para la sostenibilidad festiva; llevando al pueblo y al santo, a un proceso de “etnizaciòn”, incomparable, en la historia de los santos católicos y el pueblo. San Francisco de Asís, cambia de nombre y se convierte en “San Pacho”, un compañero más, que comparte penas y alegrías con el mismo.
Negar la presencia franciscana en el Chocó, es difícil, negar las investigaciones de Rogerio Velásquez, es negar también, el lugar que ocupa en la antropología colombiana.
Todos los artículos publicados en esta columna, están sujetos a correcciones, en el evento en que aparezca otra investigación, con documentos que demuestren lo contrario. No olvidemos que la investigación sociocultural, está sujeta a los cambios de la tradición oral y que no existen verdades absolutas. En mi caso personal, solo me asiste el deseo de compartir con la humanidad, los hallazgos que he encontrado, desde la tradición oral, hasta lo documental.
Por todo lo anterior, en los próximos dos números de este artículo, voy a entregar datos a los lectores, los cuales, les permitirán, la comprensión de la historia franciscana y sus fortalecimientos; los posibilitará para entender, que el evento magno ocurrido en la calle Yesca Grande, no es el origen de la fiesta franciscana, pero sí, activó el proceso de la pueblerización de la misma, por parte del pueblo negro y mestizo.





SIGNIFICADO DE LA INSCRIPCIÓN DE NUESTRA MANIOFESTACIÓN, FIESTAS DE SAN PACHO, EN LA LISTA REPRESENTATIVA DEL PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE LA HUMANIDAD (LRPCI) PARTE II

SIGNIFICADO DE LA INSCRIPCIÓN DE NUESTRA MANIOFESTACIÓN, FIESTAS  DE SAN PACHO, EN LA LISTA REPRESENTATIVA DEL PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE LA HUMANIDAD (LRPCI) PARTE II
POR: Ana Gilma Ayala Santos
Inicio el presente artículo, con una parte de los contenidos del Proyecto de decisión 7.com 11, 9, emanado del Comité Intergubernamental de la UNESCO, segundo órgano de la Convención de a salvaguardia del Patrimonio Cultural inmaterial de la Humanidad, el cual entre sus funciones, numerales g, i, tiene las siguientes:
 -Examinar las solicitudes que presentan los estados partes y decidir acerca de las inscripciones en las listas representativas del PCI.
-La prestación de asistencia internacional de conformidad con el artículo 22.
“Proyecto de decisión 7.com 11, 9. Numeral R.1 La fiesta de San Francisco de Asís, constituye un importante marcador de la identidad de los afrocolombianos de la ciudad de Quibdó y sus alrededores.
R.5 El festival de San Francisco de Asís, ha sido incluido en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural de Colombia desde el año 2011,bajo la responsabilidad de la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura y el Instituto de Antropología e Historia.
3. Inscribe la fiesta de San Francisco de Asís, Quibdó en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad” (Tomado del acta de la inscripción)
Como podrá apreciar el lector, cuando se hace el registro, este se cambia, puesto que, no aparecen los alrededores de Quibdó, sino la ciudad, dejo esta consideración para que sea motivo de reflexión; no con el ánimo de ser excluyente. La condición del patrimonio cultural inmaterial, es inalterable, su dueño es la comunidad que lo asume.
Los habitantes de Quibdó, asumen al santo y su celebración, la preservan, la recrean, la trasmiten; no significa esto, que, el resto de los habitantes del Chocó, no puedan participar con su presencia y aportes, al desarrollo de la fiesta franciscana, como lo han venido haciendo desde siempre.
 El compromiso de respetar y aceptar a la fiesta franciscana, le compete a toda la humanidad; la localidad festiva, se abrió paso hacia la universalidad, pero, sus contenidos y su historia, constituyen la memoria festiva del pueblo quibdoseño.
 En toda la historia de la fiesta franciscana, tanto en su tradición oral, como en los documentos escritos, encontramos que el escenario de la festividad grande en honor a San Francisco, fue esta ciudad, con todas las variables de sus refundaciones. Si bien es cierto, que los misioneros franciscanos y capuchinos, llevaron el mensaje a otras localidades del Chocó, también es cierto, que les impusieron como patronos y patronas a otros santos y santas, pero aun así, no descartamos celebraciones de la fiesta, en otros lugares del Chocó, como es el caso de Opogodó, (corregimiento del municipio de Condoto)  en el  cual, aún, celebran a San francisco como su santo patrono.
El galardón obtenido en la UNESCO, es una puerta que se abre a la visibilización de la cultura chocoana, a la interculturalidad regional nacional e internacional, procesos urgentes y necesarios, pero que, colocan a la manifestación en alto riesgo; sino estamos preparados, podemos ser absorbidos por otras expresiones culturales, en detrimento de la nuestra.
 Es necesario tener mucho cuidado con las creaciones culturales, las cuales a través de nuestras danzas tradicionales, nos están mostrando el umbral de lo que puede ser la pérdida de la tradición danzarina del Chocó. No significa, que no se pueda innovar, imposible, ya que, San Pacho tiene la condición de Patrimonio Vivo, que ya hemos descrito, pero sí, estar en alerta permanente.
Después de esta reflexión, todos estamos invitados a aportar nuestras sugerencias y a que sean escuchadas, a participar, disfrutar y celebrar la fiesta, cabemos en su celebración; en su dirección deben estar aquellos que la sienten de verdad, teniendo en cuenta a las nuevas generaciones, principales entes de salvaguardia. Los escenarios de la fiesta franciscana, son, para pensar seriamente en su desarrollo y sostenibilidad, en su crecimiento y recreación constante, sin detrimento de la tradición.
Estos comentarios, solo tienen una finalidad: ilustrar al respecto del patrimonio cultural inmaterial, hacer claridad en el tema de la universalidad y aportar elementos que puedan ayudar a entender las dinámicas culturales y religiosas de la fiesta.



SIGNIFICADO DE LA INSCRIPCIÓN DE NUESTRA MANIFESTACIÓN, FIESTAS DE SAN PACHO, EN LA LISTA REPRESENTATIVA DEL PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE LA HUMANIDAD (LRPCI) PARTE 1

SIGNIFICADO DE LA INSCRIPCIÓN DE NUESTRA MANIFESTACIÓN, FIESTAS DE SAN PACHO, EN LA LISTA REPRESENTATIVA DEL PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE LA HUMANIDAD (LRPCI) PARTE 1
“La lista representativa de manifestaciones de Patrimonio de Cultura Inmaterial, LRPCI, es un registro de información sobre las manifestaciones relevantes del Patrimonio Cultural Inmaterial, que cuentan con un Plan Especial de Salvaguardia y que son objeto de una especial atención del estado por ser expresiones representativas de la diversidad e identidad de las comunidades y colectividades que conforman la nación” (Ministerio de Cultura de la República de Colombia)
El galardón recibido por nuestra fiesta franciscana, el 5 de Diciembre de 2012 , es el triunfo de un gran colectivo humano, que incluye a: aquellos que cada año esperan a la fiesta con sus diferentes eventos, desde balcones, esquinas, andenes; a todas las generaciones de disfraceros, polvoreros, bendajeras , a los adultos de todas las edades, a los padres que compran los cachés para hacer posible el “san pachito infantil”, a las instituciones educativas que hacen las réplicas, a las familias, a los líderes barriales, a los vendedores ambulantes, que incomodan a veces a quienes participan de las comparsas.
Este reconocimiento, es del campesino que aun teniendo a su santo patrono, se viene a acompañar al patrono mayor y lo hace suyo durante la procesión. La inscripción en la LRPCI, no es el triunfo de un grupo humano en particular, sus mayores  gestores fueron los ancestros franciscanos, descendientes de los esclavizados, diluidos entre iletrados, ebanistas, carpinteros de ribera, modistas, pintores, amas de casa,  músicos, quienes durante mucho tiempo, cuidaron, recrearon y contaron generacionalmente los contenidos históricos, éticos, morales y económicos de la fiesta franciscana; ellos cuidaron durante más de 100 años su historia, para que pudiera llegar hasta nosotros, ellos conocieron de salvaguardia.
Este galardón, es de los contradictores de la fiesta, porque ellos la ven de otra manera, a veces equivocada, pero también piensan en ella; es del Ministerio de Cultura, porque acompañó incondicionalmente durante todo el proceso, a los líderes que en el momento detentaban el mandato y a los asesores incondicionales, a quienes les  dio las pautas, hasta llevar su historia a París.
El triunfo,  es también de la iglesia católica,  a través de las diferentes comunidades religiosas que pasaron por el chocó, especialmente franciscanos, claretianos y los diocesanos, porque acompañaron y respetaron hasta hoy, los postulados del pueblo, sus opiniones, decisiones, creatividad y salvaguardia de la fiesta.
Como pueden ver, lectores, el triunfo de la fiesta en la UNESCO, es de todos y también de aquellos a los cuales me olvidé mencionar, pero, nadie, a diferencia del pueblo, se puede apropiar de su organización, ni de su dirección; debemos impedir que esto ocurra, por lo tanto, ni gobiernos locales, ni politiqueros de turno, avivatos, ni la iglesia, ni el sector privado, pueden apropiarse de estos espacios, que por derechos culturales, le pertenecen al pueblo.
Finalmente, el reconocimiento,  es del pueblo quibdoseño nativo, quien la ha cuidado durante muchos indiscutibles años, del pueblo quibdoseño residente, que quiere a la fiesta y que la ha asumido como suya, de todos  los chocoanos presentes y  ausentes, estos últimos, se llenan de nostalgia y están regresando al  tenor de su desarrollo.
Lo que no podemos olvidar es, que, “la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial pasa esencialmente por el fomento de la creatividad y la práctica de los miembros de la comunidad que lo producen y mantienen. (Registro de inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial)
Fueron estos postulados, manejados por los ancestros franciscanos, los que los llevaron a impedir que los altos cargos directivos de la Junta Central Franciscana (Hoy Fundación Fiestas Franciscanas de Quibdó) y de las Juntas barriales, salieran de las manos de los Quibdoseños nativos, esto no fue un acto de exclusión, fue una medida de  salvaguardia efectiva en su momento.
Hay sobradas inquietudes entre los chocoanos y nacionales, sobre los beneficios que le quedan a nuestra fiesta, con la inscripción en la LRPCI. Sí hay beneficios, tanto del orden material, e inmaterial, citaremos algunos, en esta primera parte del artículo.
  • El respeto universal de todas sus expresiones religiosas y culturales, de sus eventos y elementos simbólicos, es esta una exigencia que viene desde la UNESCO.
  • El compromiso del pueblo quibdoseño, en particular y del chocoano en general, de mantenerla en el tiempo y en el espacio, de cuidarla, conservarla y fortalecerla, como la mayor expresión de identidad.
  • La comunidad que asumió a la fiesta, para el caso, la ciudad de Quibdó, sigue siendo su dueña y el primer ente de la salvaguardia, no existen dueños universales, sino el respeto de todos los países del mundo, por San Pacho.
  • “El apoyo logístico y económico, de la institucionalidad pública y privada, a tal punto que:” desde 2007, el servicio de telefonía móvil, está gravado con un IVA del 20° /°, si bien la mayoría de los bienes y servicios sufragan el 16.
  • En virtud del artículo 470 del estatuto tributario, adicionado por la ley 1111 de 2006, el incremento del 4 por ciento así establecido,( al que en lo sucesivo llamaremos el incremento del IVA) debe distribuirse en un 75 por ciento para deporte y el 25 por ciento restante para deporte y cultura.
  • Dicho de otro modo, de los cuatro puntos del incremento del IVA, tres deben dirigirse al deporte y uno a la cultura y al deporte, distribución a primera vista difusa, si bien por ahora aclarada en el sentido de que sobre este punto, un 50 por ciento le corresponde al deporte y otro 50 por ciento a la cultura. (Decreto 4934 de 2009)La fiesta de San Pacho, entró a gozar de este beneficio, desde el año 2013.

La inscripción de la fiesta franciscana en la LRPCI de la humanidad, no significa que, el proceso festivo llegó al culmen de su desarrollo, al contrario, comienza un reto muy grande, porque nuestra fiesta va a empezar a tener  un índice de riesgos más altos,  que aquellos riesgos locales que ha tenido que enfrentar; la universalización de sus contenidos, la expone a la vulnerabilidad, al saqueo inmisericorde de sus símbolos, de su historia, entre otros.







ESCLAVIZADOS Y AFRO DESCENDIENTES

ESCLAVIZADOS Y AFRO DESCENDIENTES
Dos realidades, unidas por una historia
Por: Ana Gilma Ayala Santos
Los esclavizados, hicieron parte de las culturas diaspóricas que fueron desarraigadas de sus entornos, sometidos a vejámenes de toda clase. ( Diásporas:” culturas de aquellos que se dispersan más allá de las fronteras geográficas, sin perder el referente espacial de origen”)
Los afrodescendientes, son los herederos de una cultura re creada y de resistencia, con un alto componente africano; ser afro descendiente, no es tener la piel oscura, es aceptar la herencia africana, en medio de la cotidianidad de cada uno, por eso, se convierte en una opción personal o comunitaria, el identificarse como tal; encontramos en Colombia, afro descendientes mestizos, con todas las variaciones que el  fenómeno del mestizaje,  implica.
Ser afro descendiente chocoano, es aceptar el mestizaje étnico y cultural, es reconocer los aportes de África  al Chocó; aportes que fueron enriquecidos con elementos de las culturas indígena y española, aunque esta última haya sido impuesta.
Es conveniente que las nuevas generaciones, tengan claridad meridiana en cuanto a estos dos términos se refiere, unos y otros le han aportado a los procesos culturales, sociales, económicos y religiosos de este país. Los unos, son consecuencia de los otros.
Como lo reza el nombre del periódico, “El Opinador chocoano”, soy una chocoana que presenta su opinión, en el marco de la celebración del mes de la “Herencia africana”, a través de una reflexión, a la cual he titulado: “el decálogo afro”; la escribí para la conmemoración del Bicentenario de la independencia del Chocó. Tengo claras mis raíces, tengo los pies sobre la tierra, pienso y creo, que la memoria de África, debe mantenerse entre las nuevas generaciones, pero, hay que pensar más en el Chocó, como región receptora de la cultura africana.

El mejor regalo que le podemos hacer a África, si decidimos llamarnos afro descendientes, es, salvaguardar la cultura que los esclavizados nos legaron, contextualizándola con el presente, sin perder las raíces.
Amables lectores, los dejo pues, con la reflexión: “el decálogo afro”:
                                                                              EL DECÁLOGO AFRO          
Una reflexión que nace del bicentenario
Quibdó, febrero 2 de 2.013
El pequeño término afro, ha permitido que se juegue con la historia de culturas  convertidas en diaspóricas, como la africana; algunos avivatos, políticos, hombres y mujeres de todas las regiones de Colombia donde hay mayorías negras, sin una conciencia clara, han encontrado la forma de vivir; pero otros, con una identidad bien definida, conocen los referentes del término. 
Apreciado amigo: ubíquese usted mismo de acuerdo a la buena o mala utilización que esté haciendo del término afro y disfrute esta reflexión:
1.Afros convenientes: los que viven de la historia de los pueblos negros de Colombia.

2.Afro desgraciados: los que prestan su historia, para que otros vivan de ella. No tienen más opción.

3.Afros resentidos: los que no han podido romper las cadenas de la opresión y se quedaron en el doloroso pasado; son racistas.

4.Afro desubicados: lo que aún buscan a los reyes africanos, de los cuales creen ser descendientes, se les respeta, pero esto es un distractor que no los deja pensar en los problemas que tenemos, porque se fanatizan con África.

5.Afro sin historia: familiares de los anteriores, por estar ocupados con los reyes africanos, no tienen tiempo de identificar a  sus parientes que viven en el Chocó, ni de compartir con ellos.

6.Afro sinvergüenzas: los que con el nombre de África, del Chocó y de todos sus pueblos, se han comido los dineros enviados para la satisfacción de necesidades básicas en este departamento.
7.     Afro convencidos: de que el Chocó es África y no aterrizan los pies sobre la tierra, sueñan con “la madre patria” y allí se quedan.

8.     Afros parlanchines: con discurso barato y manido, que ya ni ellos mismos se lo creen y que tienen cansado al pueblo chocoano con su demagogia.

9.     Afro conscientes: aquellos que reconocen los aportes de África a América y en especial al Chocó, que hacen inventario y que trabajan por la salvaguardia de la cultura chocoana, la cual, no sólo es africana.

10. Afro descendientes: no son hijos directos de africanos, son los portadores generacionales de una cultura mestiza, recreada y de resistencia, con sustancialidad africana, la cual aún es vigente; los comprometidos como Chonto Abigail Serna Arriaga, y muchos más, los que encuentran en el término afro una posibilidad de resistencia, como la encontraron los africanos esclavizados.



Apreciado docente: me dirijo a usted como conductor de la niñez y de la juventud, para que revise la aplicación que está haciendo en las aulas, del término afro. La reflexión tiene un sentido crítico, pero respetuoso, con la responsabilidad que me caracteriza.


C.C. 26.256.435  de Quibdó















LOS ALUMBRAMIENTOS DE LOS SANTOS CATÓLICOS

LOS ALUMBRAMIENTOS DE LOS SANTOS CATÓLICOS
Rituales de resistencia
Los esclavizados en Colombia, no olvidaron a sus orishas, pero, se vieron obligados a aceptar la imposición de las figuras de los santos católicos; establecieron con ellos, unas relaciones fuertes que los llevaron a humanizar a estos seres, se aferraron a ellos; así, la veneración de las imágenes católicas va entrando poco a poco en sus vidas, asisten a misas y procesiones y a otros actos de la liturgia europea.
Los descendientes de estos hombres y mujeres, consolidan de generación en generación, estas relaciones interreligiosas e inter culturales y van incluyendo a los santos católicos, en la nueva cultura que se va recreando. Les asignan características de humanos, aparecen los apodos que los distinguen: a San Francisco de Asís, lo llaman San Pacho, a la virgen de la Candelaria, la canducha, a San Antonio, Antuco y a la virgen del Carmen, la Carmela, entre otros.
Algunos rituales católicos, comienzan a permear a la religiosidad africana, y viceversa, entre ellos encontramos a los alumbramientos, réplicas de los altares españoles, pero, adaptados a la cultura africana. Los lugares de elaboración y de desarrollo de la ritualidad, según algunos investigadores, fueron, los ranchos ubicados en los asentamientos mineros, a los cuales llevaban a escondidas a las imágenes, sustraídas de las iglesias, para sentirse cercanos a ellas y peticionar mejor sus necesidades.
Sin embargo, otros opinan que, los alumbramientos surgen de las relaciones establecidas con los santos, por mandas o contraprestaciones, por favores recibidos y que también tienen que ver con peticiones para abundancia en: la pesca, cosechas, encuentro de vetas de oro o platino. Un alumbramiento puedes ser ofrecido por una comunidad entera, por una persona o familia; en todos los casos siempre hay responsables, para organizar el evento. Desde el punto de vista anterior, la celebración de un alumbramiento, entre los afrodescendientes chocoano, va  trasformando la acción de gracias en manda.
 Los alumbramientos, se clasifican en: mayores, aquellos que son cantados y bailados, como el de la Virgen de las Mercedes, en el corregimiento de las Mojarras, (Municipio de Istmina) evento al cual, tuve la oportunidad de asistir.  Toque de chirimías, baile, alabaos, rezos, luces, flores y ornato muy especial, dan cuenta de la gran espiritualidad del pueblo istmeño; este alumbramiento pasa de un anoche iluminada con veladoras y hachones, a un amanecer esplendoroso, en medio de la misma ritualidad, cuyo paisaje tiene como centinelas a los imponentes cerros que demarcan la llamada “Mojarra número uno”. Dicho ritual permanece, hasta tanto las balsas empiezan a partir por el río San Juan.
En estos altares, se colocan velas en gran número, flores, frutos y otros alimentos, para que no falte el pan, atarrayas y otros enseres útiles en los oficios chocoanos, en torno a la imagen del santo venerado.
En el barrio Bahía Solano, frente a Quibdó, podemos evidenciar cada 12 de Junio, el alumbramiento en honor a San Antonio de Padua, cuya fiesta se celebra el 13 del mismo mes; es un alumbramiento rezado, (Menor) con canto de alabaos, durante el cual los asistentes narran cuentos, echan adivinanzas, ante la diminuta imagen, la cual, tiene su historia particular entre la comunidad.
No menos famoso es el alumbramiento de la Santa Cruz, celebrado en numerosos pueblos del Chocó, en cuyo ritual, entra en juego la decisión de la comunidad, de realizarlo con la categoría de mayor, o menor. En el barrio la Yesquita, desde el pasado, se ha celebrado este acontecimiento; son motivos de memoria colectiva, los alumbramientos realizados en los sectores donde vivieron: Bernardina Arce y Cruz Vivas.
 Como herencia portada hoy, por nuevas generaciones, los vecinos del sector comprendido entre la calle 21 y la carrera sexta, (sector Pacurita) cada 2 de Mayo, se congregan hace más de cuarenta años,  en torno al alumbramiento rezado, con rezanderos y cantadores del río Atrato, por considerar a la cruz, un elemento de resistencia. Otro lugar de estos encuentros  fue la loma de las Brisas, donde sus vecinos colocaban una cruz inmensa, la cual, se divisaba desde todo el pueblo. Hace  algunos años, en la parroquia Nuestra Señora de Fátima, se está celebrando el alumbramiento en honor a la patrona del mismo nombre.( 12 de Mayo)
Estas formas de religiosidad, evidencian una vez más, la presencia africana en América y especialmente en el Chocó, matizada por la cultura española,( no podemos negarlo) como formas de resistencia, como caminos para encontrar la libertad, a través de esas figuras de hombres y mujeres que fueron llevados a los altares, quizá, para alienar a todos los  pueblos del mundo, pero que, en los casos de los esclavizados y sus descendientes encontraron en ellas y ellos, posibilidades de intercambio: veneración, por libertad; fe, por esperanza.
El alumbramiento franciscano, ocurrido en la calle Yesca Grande, aproximadamente el 4 de Octubre de 1898, organizado por Raimunda Cuesta Moreno y con la presencia de  vecinos de otras calles, permitió que la fiesta franciscana tomara los elementos de nuestra cultura, hasta hoy. (Chirimía, platos típicos, verbena, entre otros.)Fue un alumbramiento mayor, pero no, una nueva fiesta, ni tampoco el inicio de la fiesta franciscana. Fue un evento de gran trascendencia religiosa y cultural.


CREENCIAS CULTURALES EN EL CHOCÓ

CREENCIAS CULTURALES EN EL CHOCÓ
“Un creencia es una idea que es considerada verdadera por quien la profesa”
Estas ideas se repiten entre una generación y otra, toman fuerza y se vuelven colectivas, su principal sustento es la fe, es decir, el hecho de creer, así, de un simple perjuicio como lo es el agüero, la  superstición, y de un fenómeno explicativo en el caso del  mito, se crea toda una norma colectiva.
Las creencias culturales chocoanas, son cercanas con agüeros y supersticiones, ya que, muchos de ellos, se sustentan en una creencia; la prohibición está implícita en la mayoría de ellas, condición que permite confundirlas con los mitos. Tenemos el caso de” la mariposa negra”, su presencia, es augurio de muerte, (desde este punto de vista es un agüero) el rito de entrar y salir de la casa y de posarse en determinado lugar, de rondar a una persona en especial, explica la cercanía de la persona con el posible difunto. (Desde esta interpretación, es un mito por su condición explicativa)
Las creencias, hacen parte de los imaginarios culturales, tanto urbanos, como rurales, entre los pueblos afrodescendientes del Chocó y de Colombia, todas tienen un condicionante y un hecho con consecuencias. Aun, cuando no tienen sustento científico, y por ello, muchas han entrado en olvido, su fuerza local es potente y se han posicionado en el imaginario colectivo, hasta convertirse en patrones de comportamiento.
En el caso particular de la creencia “bañarse en el río, Jueves y Viernes Santo, transforma a la persona en pescado”, (sirena u otro) ayer, tuvo una gran trascendencia en el buen comportamiento, de allí, el rigor y respeto durante los actos de semana santa. ¿Será, que podemos reemplazarla por otra creencia moderna, como: no arrojar basuras en el río, porque se contamina? Tiene sustento científico. De esta manera podemos trasversalizar a la tradición oral, con el presente, para que no fosilice a la cultura.
Las creencias culturales chocoanas, tienen referentes en: lo religioso, en el ciclo menstrual, en el embarazo nacimiento y en la muerte; en la naturaleza, especialmente en plantas y animales, en la siembra, en elementos como: el fuego, la sal, los astros, algunos enseres útiles, el dinero, entre otros.
Las creencias son populares dentro de la misma comunidad, no trascienden a otras, los referentes anotados en este artículo, pueden ser similares, pero, los significados varían, de acuerdo a las subculturas, que forman el gran colectivo cultural de una región. (El término subculturas se adopta desde el punto de vista de las expresiones culturales de las pequeñas localidades y no, en forma despectiva)
El concepto bautizado en el lenguaje popular con el nombre de “coincidencia”, le da fuerza a las creencias, y, es esta otra condición  que permite, que, trasciendan de una generación a otra, de “boca en boca”, con la fuerza de la palabra hablada de los mayores.

En este proceso de la cultura tradicional, caben los creyentes y los no creyentes, estos últimos no aceptan a las creencias; me atrevo a decir, que en el Chocó, son pocos y forman pequeños grupos, pero, su punto de vista es válido. No podemos negar, que nuestra tradición oral, todavía pervive en un buen porcentaje de la población chocoana, y que, en el momento, es objeto de recuperación por parte de algunos docentes, en los proyectos etnoeducativos.

LOS CUENTOS CHOCOANOS Y SU FUNCIÓN FORMADORA

LOS CUENTOS CHOCOANOS Y SU FUNCIÓN FORMADORA
El tiempo de sus relatos, siempre ha sido la noche, momento de encuentro entre mayores y menores, tanto en la zona rural, como en la urbana. En ese pasado glorioso, lleno de disciplina y de amor, los cuenteros y cuenteras, llenaban las mentes de los niños y jóvenes, con sus historias fantásticas, cargadas de moralejas, las cuales ayudaban a cambiar la conducta equivocada, o la conciencia que estaba a punto de dejarse permear.
La escuela, también ha jugado papel importante, en la trasmisión de normas de comportamiento a través de los cuentos, como elementos de la tradición oral, analizada y estudiada por niños y jóvenes, para identificar la función formadora, a través de la  actuación de sus personajes y de la moraleja que esta generaba.
Los cuentos chocoanos, de acuerdo a los contextos donde se narren, toman denominaciones diferentes: cuentos de novena, los cuales involucran a los animales, especialmente las hazañas de “tío tigre, tío conejo y cabecita con anance”, asociados a la astucia del negro en la búsqueda de su libertad y a la resistencia. Su narración durante toda la noche, ayudaba y aún ayuda,  a mantener despiertos a los acompañantes.
Lo cuentos familiares, encaminados a formar, para vencer el miedo y armarse de valor, señalaban a héroes como, “Juan sin miedo, al diablo y a las doncellas que este se raptaba”, las cuales eran rescatadas por enamorados o hermanos. Este tipo de cuentos, se han diversificado a su vez, en mayores y menores y así, se denomina  también a los contadores y contadoras de los mismos, dependiendo de la calidad de sus contenidos y de su función formadora; ejemplo del primer grupo, lo tenemos en el cuento de Sebastián de la gracia, ya perdido en el olvido, cuya narración duraba tres noches y sus moralejas eran profundas.
Varias generaciones de chocoanos, vivimos en toda su dimensión,  el proceso formador a través de los cuentos,  narraciones estas, que  pretendían inculcar el respeto por la palabra hablada, despejar dudas, sacar enseñanzas, trasmitir normas consuetudinarias y valores, prohibir, trasmitir identidad y sentido de pertenencia por el territorio, apropiación de la cultura y sobre todo cohesionar a la familia y a la comunidad, para resistir los malos tiempos.
El momento de la narración de los cuentos, estaba cargado de magia, todos escuchaban en silencio, lo que permitía que la atención no se dispersara fortaleciendo la parte formadora.
El relato de todos los cuentos, se acomodaba a una ensaladilla, que bien podía ser:” esta era la vieja Estera, esta era la que no era…….Este era un hombre casado con su mujer, esta era una mujer casada con su marido….., palabras que disponían el ánimo de todos los presentes, para admitir las pausas del cuento desde el inicio, el nudo o trama y el desenlace, produciendo este último momento, gozo para todos los escuchantes, por el final feliz que siempre se trasmitía.
Hoy, cuando estos elementos de la tradición oral han entrado en olvido, cuando son pocos los docentes que utilizan su función formadora, cuando la familia ya no se reúne y algunas comunidades solo lo hacen en torno a la política, es necesario llamar la atención de todos, frente a la crisis de valores que estamos viviendo: el cuento, aún sirve de elemento formador y cohesionador.
En alguno de los temas anteriores, analizábamos la rotura del diálogo intergeneracional en el Chocó, causante de la pérdida de gran parte de nuestro conocimiento ancestral, de nuestras costumbres y en general de muchos elementos de la cultura chocoana, que sirvieron de patrones de comportamiento. El cuento también hizo parte de este diálogo.
Necesitamos que niños y jóvenes, vuelvan a escuchar y empiecen a escribir sus propios cuentos, adaptados a su mundo y a las nuevas ideologías, pero también, inspirados en las historias cotidianas de los personajes de sus regiones, de su entorno.
Rebusquemos en nuestra historia, a los contadores de cuentos que aún viven, recojamos impresiones, tenemos muchos elementos de la tradición oral, que sirven no solo como conceptos para repetir, sino como rutas de formación; posibilitemos para que niños y jóvenes vuelvan a la lectura de los cuentos, hagamos la clase dirigida, escuchemos y atendamos el rumor del cuento de nuestros hijos, quizá allí encontremos la respuesta, del por qué ellos han cambiado.



domingo, 4 de mayo de 2014

LA RELACIÓN DE ANCESTRALIDAD, NO SÓLO PERTENECE A ÁFRICA

LA RELACIÓN DE ANCESTRALIDAD, NO  SÓLO LE PERTENECE A  ÁFRICA
“A los muertos que en la vida
Nos dieron sabiduría
Los declaramos, ancestros
Los nombramos nuestros guías”
Denominamos con el nombre de ancestros, a los antepasados de una etnia, de un pueblo, de una comunidad, de una familia, que dejaron legados importantes y vigentes, los cuales los mantienen vivos en estos espacios; en la voz, KULONDA, que significa: difuntos que siguen desempeñando un papel importante y decisivo en las comunidades, encontramos un concepto cercano, con lo que expondremos en el presente artículo.
“Los ancestros, son paradigmas históricos, morales, sociales y modelos de la humanidad, su memoria y sus logros, son como el alimento espiritual que nutre la vida de los pueblos”[1]
Toda la cultura chocoana, basada en la tradición oral, en el folclor, artesanías, ritualidad mortuoria, elaboración de enseres útiles, entre otras expresiones, tiene el sello de la ancestralidad indígena y africana; los europeos, nunca han sido, ni serán nuestros ancestros, su cultura impuesta, fue asumida por resistencia, para sobrevivir.
Es equívoco pensar que, cuando hablamos de ancestros, nos debemos referir sólo al África; en todas las culturas, existe esta relación, la cual, se establece entre vivos y muertos, en la medida en que, se perpetúen todos los legados positivos de los mayores.
No está bien, negar, la relación de ancestralidad, entre los chocoanos nacidos en esta tierra, descendientes de esclavizados, ni entre los indígenas, dueños originales de la misma. Los descendientes de estas dos etnias, fueron  quienes perpetuaron y han salvaguardado, lo que hoy reconocemos como, herencia cultural chocoana; entre ellos  encontramos ancestros mayores y menores, de acuerdo a la magnitud de sus legados, fluyen también, los ancestros franciscanos, los cuales, fortalecieron las relaciones interreligiosas e interculturales, con San Francisco de Asís, hasta convertirlo “San Pacho”, evidencia innegable esta.
Los mulatos del Chocó, con todas las derivaciones del mestizaje y, los blancos que llegaron a estas tierras, también tienen sus ancestros; sin embargo, no podemos desconocer, que la fuerza de la relación de ancestralidad, se arraigó en nuestra tierra, con la llegada de los esclavizados, en cuyas mentes, subyacía a su vez, la fuerza de sus mayores, los cuales, no fueron desarraigados, por el peligro que representaban,  en los procesos de  trasmisión de sabiduría.
¿Cómo identificar a nuestros ancestros?
Los sentimos, a través de la fuerza vital que ellos construyeron, cuando tenemos clara nuestra identidad, sabemos de dónde venimos y hacia dónde vamos y cuando evaluamos todo  lo que hacemos en torno a nuestra cultura. Los identificamos, en cada una de las vivencias de nuestras familias, pueblos y comunidades, en los diálogos intergeneracionales; los valoramos, en todas las evidencias del mestizaje cultural, cuando recreamos sus enseñanzas, cuando aprendemos nuestra historia, cuando mantenemos sus códigos éticos (que para algunos, son obsoletos) allí, en este panorama, está impresa la ancestralidad indígena y africana, la primera, con su malicia y la última, con la resistencia.
La relación de ancestralidad, sigue jugando papel importante en todos los pueblos del Chocó, los cuales, resisten a través de curanderos, aunque se equivoquen, de rezanderos, cantadores de alabaos, parteras, patronas y patrones de los santos, todos ellos, iluminados con la luz encendida por los mayores.
Es  válido considerar que, existen ancestros del bien y del mal, estos últimos construyeron malas energías, (hacer maleficios, conjuros, tramas, hechizos, entre otras prácticas, corrupción) “así, como hay ancestros llenos de herencia positiva, nuestra memoria puede también recrear a esos ancestros negativos….y convertirlos en modelos, al no manejar críticamente, su memoria ancestral”[2]
Pensemos que,” no todos los mayores son ancestros, hay quienes pasan por la cultura, sin dejar huellas,… la ancestralidad nunca puede morir, pues, se trata de una herencia, convertida en cultura, que supo ligarse a tiempo, a los procesos de cultura”, recordemos a los ancestros africanos, pero, valoremos a los chocoanos. Somos afrodescendientes, no podemos negarlo, pero, no vivimos en África, sino en el Chocó. Con el respeto que merecen las otras opiniones, termino diciendo: ni mucho olvido, ni tanta África, que no nos deje pensar en cómo resolver los problemas que tenemos los chocoanos; dejemos que nuestros pies toquen la tierra donde vivimos.




[1] Ayala Santos Ana Gilma, los ancestros y el Patrimonio Cultural en el Chocó, 2012, cita a Manuel Napoleón García Anaya.
[2] Ayala Santos Ana Gilma, Los Ancestros y el Patrimonio Cultural en el Chocó, 2012, cita a De la Torre Guerrero Gonzalo María

LOS CUENTOS CHOCOANOS Y SU FUNCIÓN FORMADORA

LOS CUENTOS CHOCOANOS Y SU FUNCIÓN FORMADORA
El tiempo de sus relatos, siempre ha sido la noche, momento de encuentro entre mayores y menores, tanto en la zona rural, como en la urbana. En ese pasado glorioso, lleno de disciplina y de amor, los cuenteros y cuenteras, llenaban las mentes de los niños y jóvenes, con sus historias fantásticas, cargadas de moralejas, las cuales ayudaban a cambiar la conducta equivocada, o la conciencia que estaba a punto de dejarse permear.
La escuela, también ha jugado papel importante, en la trasmisión de normas de comportamiento a través de los cuentos, como elementos de la tradición oral, analizada y estudiada por niños y jóvenes, para identificar la función formadora, a través de la  actuación de sus personajes y de la moraleja que esta generaba.
Los cuentos chocoanos, de acuerdo a los contextos donde se narren, toman denominaciones diferentes: cuentos de novena, los cuales involucran a los animales, especialmente las hazañas de “tío tigre, tío conejo y cabecita con anance”, asociados a la astucia del negro en la búsqueda de su libertad y a la resistencia. Su narración durante toda la noche, ayudaba y aún ayuda,  a mantener despiertos a los acompañantes.
Lo cuentos familiares, encaminados a formar, para vencer el miedo y armarse de valor, señalaban a héroes como, “Juan sin miedo, al diablo y a las doncellas que este se raptaba”, las cuales eran rescatadas por enamorados o hermanos. Este tipo de cuentos, se han diversificado a su vez, en mayores y menores y así, se denomina  también a los contadores y contadoras de los mismos, dependiendo de la calidad de sus contenidos y de su función formadora; ejemplo del primer grupo, lo tenemos en el cuento de Sebastián de la gracia, ya perdido en el olvido, cuya narración duraba tres noches y sus moralejas eran profundas.
Varias generaciones de chocoanos, vivimos en toda su dimensión,  el proceso formador a través de los cuentos,  narraciones estas, que  pretendían inculcar el respeto por la palabra hablada, despejar dudas, sacar enseñanzas, trasmitir normas consuetudinarias y valores, prohibir, trasmitir identidad y sentido de pertenencia por el territorio, apropiación de la cultura y sobre todo cohesionar a la familia y a la comunidad, para resistir los malos tiempos.
El momento de la narración de los cuentos, estaba cargado de magia, todos escuchaban en silencio, lo que permitía que la atención no se dispersara fortaleciendo la parte formadora.
El relato de todos los cuentos, se acomodaba a una ensaladilla, que bien podía ser:” esta era la vieja Estera, esta era la que no era…….Este era un hombre casado con su mujer, esta era una mujer casada con su marido….., palabras que disponían el ánimo de todos los presentes, para admitir las pausas del cuento desde el inicio, el nudo o trama y el desenlace, produciendo este último momento, gozo para todos los escuchantes, por el final feliz que siempre se trasmitía.
Hoy, cuando estos elementos de la tradición oral han entrado en olvido, cuando son pocos los docentes que utilizan su función formadora, cuando la familia ya no se reúne y algunas comunidades solo lo hacen en torno a la política, es necesario llamar la atención de todos, frente a la crisis de valores que estamos viviendo: el cuento, aún sirve de elemento formador y cohesionador.
En alguno de los temas anteriores, analizábamos la rotura del diálogo intergeneracional en el Chocó, causante de la pérdida de gran parte de nuestro conocimiento ancestral, de nuestras costumbres y en general de muchos elementos de la cultura chocoana, que sirvieron de patrones de comportamiento. El cuento también hizo parte de este diálogo.
Necesitamos que niños y jóvenes, vuelvan a escuchar y empiecen a escribir sus propios cuentos, adaptados a su mundo y a las nuevas ideologías, pero también, inspirados en las historias cotidianas de los personajes de sus regiones, de su entorno.
Rebusquemos en nuestra historia, a los contadores de cuentos que aún viven, recojamos impresiones, tenemos muchos elementos de la tradición oral, que sirven no solo como conceptos para repetir, sino como rutas de formación; posibilitemos para que niños y jóvenes vuelvan a la lectura de los cuentos, hagamos la clase dirigida, escuchemos y atendamos el rumor del cuento de nuestros hijos, quizá allí encontremos la respuesta, del por qué ellos han cambiado.